El ayuno no ha sido jamás un aliado en la pérdida de peso como muchos piensan. Durante este proceso de ayuno el primer día se pierde peso a base de líquidos por deshidratación, en el segundo y tercer día del ayuno el cuerpo envía una señal de alarma y se desencadenan los mecanismos metabólicos para la producción de energía endógena (producción de grasa por parte del hígado) para tener las energías necesarias para la sobrevivencia. Y Uds, piensan que con la dieta uno desea producir grasa si más bien necesitamos liberarnos de la que tenemos en exceso.
Uno de los principales riesgos de ayunar es la deshidratación, es bueno recordad que:
• Una deshidratación del 2% del peso corpóreo provoca modificaciones en sus funciones de termorreguladoras.
• En un 3% reduce la resistencia
• Deshidratación del 4,6% reduce la fuerza de contracción muscular.
• Deshidratación mayor al 6% origina graves contracturas musculares, golpes de calor, estupor y puede llevar al coma en los casos más graves.
• La deshidratación mayor al 20% produce la muerte.

Un punto a considerar en estos tipos de dietas es el hecho que una vez terminado el ayuno el hambre que siente la persona lo lleva a comer una cantidad exagerada de alimentos con un incremento calórico diario considerable, que lo lleva a ganar el peso perdido. Es decir todo un gran esfuerzo realizado para nada.

Reportaje especial de nutrición
Dra. Rosisella Puglisi
Nutricionista – Dietista
Especialista en Nutrición Clínica

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